Capitulo 7
Tumbada en la cama, leyendo uno de sus libros, noto la vibración del móvil. Lo coge, lo mira, se queda pálida y reacciona.
Le acababan de enviar un mensaje que decía:
-Espero que estés en casa, porque voy de camino.
Saltó de la cama y fue directa al armario, sabia que no le daba mucho tiempo a elegir que ponerse, así que se puso unas mallas negras, una sudadera básica, pero formal y las zapatillas, metió todo en un bolso, se deshizo la coleta y se dirigió escaleras abajo.
Al salir por la puerta, el ya estaba allí, como siempre con esa sonrisa que a Estela la volvía loca, cuando se monto en el coche, le miro de arriba a abajo, no por nada, si no para ver como iba el vestido, se quedo más tranquila la verdad, porque iba en el típico chándal que uff, a los tíos les queda como un guante y una sudadera también bastante básica.
Puso el coche en marcha y salieron rumbo hacia no se donde, cuando llegaron a Estela el sitio le resultaba familiar, era una especie de amurallado con una entrada enorme y preciosa de piedra con enredaderas a los lados y flores, ojeaba el interior desde la entrada y al girarse para ver que hacia el, estaba sacando una mochila del maletero.
-¿Que llevas ahí?- Pregunta Estela intrigada con el ceño fruncido.
-Ahora veras- Le contesta el. -Vamos-
Atraviesan la puerta y entran a lo que parece un paisaje de cuento de hadas. un camino de arena rodeado de barreras de flores y césped, con arboles llenos de más flores.
Estela se quedo con los ojos como platos, J la miraba, la cogió de mano y la guio hasta una explanada de césped donde había mas personas, llegaron a un hueco vacío, dejo la mochila en el suelo y de ella saco una manta enorme, la extendió en el suelo y le hizo una seña para que se sentara, mientras el seguía sacando cosas de dentro, bebida, comida, vasos, Estela no se lo estaba creyendo, estaba maravillada, ósea era una sensación la que tenia en ese momento que no podía explicar.
-¿Que te parece el sitio?- Pregunta el un poco intrigado por la respuesta de ella.
Estela mira a su alrededor y después contesta: -Es precioso, me encanta- .
Horas después, ya se había ido el sol y se estaba levantando un poco de aire, estaban recogiendo, metiendo todo en la mochila, bueno todo lo que había sobrado, mientras recogían la manta del suelo, cruzaron la mirada un par de veces, en silencio, que suele ser mas incomodo que cuando estas hablando, se iban acercando cada vez mas el uno al otro, hasta que estaban tan cerca que ya no notaban el aire, se quedaron un minuto mirándose a los ojos y sin decir nada, estaban tan quietos que parecían dos estatuas, entonces … uno de los dos se lanzo a los labios del otro.
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